“Anto, mi perro tira mucho de la correa cuando salimos a pasear.”
Es un problema tan frecuente que muchas personas llegan a pensar que es algo inevitable. Como si pasear con un perro implicara, necesariamente, caminar con el brazo extendido mientras el perro intenta avanzar a toda velocidad.
Cuando entendemos qué está pasando, la conducta empieza a tener bastante sentido. Primero hay que recordar algo básico: los perros caminan más rápido que nosotros. Su forma natural de moverse incluye cambios constantes de ritmo, detenerse a olfatear, acelerar, girar. Mientras que los humanos caminamos de forma bastante más lineal.
Además, el paseo para un perro no es solo desplazarse. Es explorar el ambiente. Olores de otros perros, rastros de animales, comida que alguien dejó caer, estímulos visuales y auditivos. Para el perro, la calle está llena de información.
Y cada uno de esos estímulos puede volverse un objetivo.
Entonces aparece algo importante desde el punto de vista del aprendizaje: tirar funciona.
Si el perro tira hacia adelante y logra acercarse al olor, al árbol o al otro perro, su cerebro registra algo muy simple:
tirar de la correa → llegar a lo que quiero.
Eso significa que la conducta se refuerza sola, sin que el tutor lo haga de forma intencional.
Con el tiempo, el perro aprende que la forma más rápida de avanzar es tirando.
También hay otro factor que influye mucho: el nivel de excitación con el que el perro sale de la casa.
Si el perro ya sale muy activado —porque el paseo es el momento más estimulante de su día— es mucho más probable que la caminata empiece con impulsividad. Y cuando el nivel de activación es alto, el autocontrol suele bajar.
Por eso, trabajar el paseo no suele consistir solamente en “corregir el tirón”. Muchas veces implica revisar varias cosas:
-cómo empieza el paseo
-qué oportunidades tiene el perro de olfatear
-cuánto ejercicio mental recibe
-qué aprendió durante meses o años de caminatas
El paseo es una de las actividades más importantes en la vida de muchos perros. No solo por el ejercicio físico, sino por la estimulación mental que implica explorar el entorno. Cuando logramos equilibrar exploración, aprendizaje y regulación de la excitación, la caminata suele volverse mucho más cómoda para ambos.
Y lo interesante es que muchas veces el cambio no ocurre porque el perro “aprende a no tirar”, sino porque aprende otras formas de avanzar.
Acá te dejo el link directo a la clase para solucionar los tirones de correa.