Hay una frase que escucho muchísimo en consulta: “Anto, mi perro es reactivo.”
Y aunque la reactividad existe, muchas veces esa palabra se usa como si fuera una explicación completa de lo que está pasando. El problema es que reactividad no estaría siendo un diagnóstico, sino una descripción muy general de un comportamiento.
Decir que un perro es reactivo es un poco como decir que una persona “reacciona”. La pregunta importante es: ¿a qué reacciona, cómo reacciona y por qué?
Un perro puede ladrar, gruñir o tironear de la correa por motivos muy distintos:
- miedo
- frustración
- excitación
- falta de habilidades sociales
- experiencias negativas previas
- aprendizaje involuntario del entorno
Desde afuera, todas esas situaciones pueden verse igual: un perro que ladra o se altera cuando aparece otro perro o una persona. Pero la emoción que hay detrás puede ser completamente distinta. Y esto es clave, porque la estrategia de trabajo cambia según el origen del comportamiento.
Por ejemplo, un perro que reacciona por miedo necesita algo muy diferente a un perro que reacciona por frustración. En el primer caso el objetivo suele ser aumentar la sensación de seguridad. En el segundo, muchas veces el foco está en trabajar tolerancia a la frustración y control de impulsos.
Si metemos todo en la misma bolsa de “reactividad”, corremos el riesgo de aplicar soluciones que no corresponden.
Otra cosa que suelo explicar es que la conducta que vemos es la punta del iceberg. Lo visible es el ladrido, el tirón o el gruñido. Pero debajo hay emoción, aprendizaje y contexto. Por eso, cuando alguien me dice “mi perro es reactivo”, mi siguiente pregunta suele ser:
“Contame exactamente qué pasa.”
- ¿En qué situaciones ocurre?
- ¿A qué distancia aparece el problema?
- ¿Qué hace el perro antes de ladrar?
- ¿Cómo responde cuando el estímulo se aleja?
Esas respuestas nos dan información mucho más valiosa que una etiqueta.
Las etiquetas pueden ser útiles para describir algo de forma rápida, pero no reemplazan el análisis de la conducta.
Y en adiestramiento, entender qué está pasando realmente siempre es el primer paso para poder ayudar al perro.